El arte sonoro, como concepto "bastardo" nacido en los años setenta de la intersección entre la música y el arte contemporáneo, se caracteriza por su naturaleza incómoda. Su existencia no es imprescindible, pero persiste por la oportunidad que ofrece para instituciones y profesionales de ambos campos. Su relevancia radica en su capacidad para ofrecer "un espacio de oportunidad" que da lugar a prácticas de escucha radicales que solo pueden surgir en contextos protegidos de las demandas convencionales del público (Horta et al., 2021). Este espacio no está necesariamente vinculado a la música en su forma tradicional, sino a la transformación de lo que entendemos por sonido. En este sentido, el arte sonoro no se limita a lo que generalmente consideramos música. Es la escucha, más que el sonido mismo, lo que determina su carácter musical o no. Pensadores como Neuhhaus, Lander y Kim-Cohen nos invitan a abandonar el auditorio y despojar de sentido los ruidos cotidianos, es...
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